La vida empieza a ser amarga cuando caes en la cuenta de que conoces cada vez más salas velatorias y menos bares.
La vida es dulce cuando te regala un día de sol, una sonrisa amigable y muchas ganas de bailar.
La vida resulta ácida cuando estas dos se combinan.
O sea, siempre...
y aqui no hay Taural que calme.
martes, 26 de mayo de 2009
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